Caída Francia en junio de 1940, pocos meses después de iniciada la Segunda Guerra Mundial,
Alemania dominaba toda la costa Atlántica desde Noruega hasta el límite con España. El único
obstáculo que Adolf Hitler tenía para apoderarse de Europa entera era Gran Bretaña.

Confiado en que Inglaterra aceptaría las negociaciones de paz propuestas, Hitler no se decidía
aún por un ataque real y sólo confiaba a sus submarinos para hundir los barcos con los
suministros hacia el país. No fue sino hasta el 1 de julio cuando Hitler tomó a consciencia la
invasión, ordenando reclutar a toda embarcación útil tanto en Alemania como en los países
conquistados. La Operación SeeLöwe (León Marino) estaba en marcha.
A pesar que el Alto Mando de la Armada alemana no estaba muy convencida del éxito de la misión,
Hitler cursó la directiva N° 16 que ordenaba la ejecución de la invasión para el mes de agosto
de 1940. Pero todos estaban de acuerdo en que la operación no tendría éxito si es que la
Luftwaffe (fuerza aérea alemana) no tuviera el dominio absoluto del aire, para poder aniquilar
los barcos de guerra británicos que superaban en número al de los alemanes.
Hitler es convencido de posponer el ataque hasta mediados de septiembre para que la Luftwaffe
destruyera a la RAF (Royal Air Force británica), pero con la condición que si ésta no era
vencida en ocho días, la Operación León Marino será pospuesta hasta mayo de 1941. Hermann
Goëring, jefe de la Luftwaffe, le aseguró a Hitler que sus aviones lograrían el objetivo
propuesto en el plazo señalado. De esta manera, el destino de Europa se decidiría entre unos
pocos miles de hombres.
650 aviones Hurricane y Spitfire ingleses debían detener a 2670 cazas y bombarderos aviones
Messerschmitt, Focke-Wulf, Stuka, Heinkel, Junker y Dornier. Con la ayuda de la nueva tecnología
del radar, la brecha entre ambas fuerzas aéreas se redujo al conocer los británicos cada
movimiento que realizara la Luftwaffe. Aún así, no debía malgastarse los aviones ni mucho
penos permitir la pérdida de valiosos aviadores.
El 10 de julio de 1940 se realizó la primera fase de la batalla, con la incursión alemana en los
cielos de Inglaterra con el objetivo de destruir los barcos y puertos al sur del país. El día
clave de esta etapa fue el 15 de agosto, cuando 1800 aviones de la Luftwaffe se enfrentaron a
toda la RAF. Los alemanes perdieron 76 aviones y los ingleses 34. Aunque el objetivo no llegó a
completarse en su totalidad, La fuerza aérea había sufrido fuertes reveses y los pilotos ya
mostraban síntomas de agotamiento.

La segunda fase se desarrolló a partir del 24 de agosto, con el fin de destruir defensas aéreas,
instalaciones y aeródromos de la RAF. La intensidad de la lucha fue tan o mayor que las semanas
previas, especialmente por el temor de los pilotos de ser derribados en tierra. Los reportes de
la Luftwaffe afirmaban que la RAF estaba prácticamente destruida y que sólo contaban con
aproximadamente 100 aviones. Bajo esas circunstancias, Goëring ordenó una ofensiva total contra
lo que quedaba de la defensa inglesa. La gran lucha se dio el 5 de septiembre, con la sorpresa
que la RAF replicó con más de 500 cazas (todo lo que tenía), despedazando la ofensiva alemana y
salvando a Gran Bretaña de la derrota.
Hitler ordenó bombardear Londres en represalia a un ataque nocturno británico en Berlín, lo que
permitió a la RAF recuperar sus aviones y hombres. Ni siquiera la Luftwaffe pudo destruir la
ciudad, más bien sufrieron gran cantidad de pérdidas (especialmente el 15 de septiembre) y
tuvieron que limitar sus bombardeos sólo en la noche. Como tampoco podían mermar la resistencia
del pueblo inglés, el Führer ordenó postergar la invasión indefinidamente en 1941.
Un país que resistió a base de sangre, sudor y lágrimas pudo detener al entonces ejército más
poderoso del mundo. Como dijo Winston Chuchill, Primer Ministro de Inglaterra: "Nunca en la
historia de la humanidad tanta gente le debe tanto a tan pocos".