Fue el único combate en el mar de gran escala en la Primera Guerra Mundial y uno de los mayores
de la historia, una ofensiva de la marina alemana contra la Gran Flota británica con el objetivo
de romper su supremacía en el mar del Norte.

A las 4 de la tarde del 31 de mayo de 1916 una flota de cruceros y destructores a cargo del
Vicealmirante inglés David Beatty detectó a cruceros alemanes a unos 120 kilómetros de
Jutlandia, en la costa danesa. No se esperó mucho para que ambas escuadras abrieran fuego en un
intercambio que duró 55 minutos. A las 5, se unió al campo de operaciones el resto de la flota
alemana al mando del Almirante Reinhard Scheer.
El Almirante John Rushworth Jellicoe, el responsable de la Gran Flota británica, tuvo noticia de
la lucha y fue al alcance de Beatty, que soportaba a una flota en ese momento mayor en número.
Al anochecer, el grueso de la Gran Flota llegó a Jutlandia, rodeando a toda la armada alemana.
Las experiencias a lo largo de la historia militar determinaba que cercar al enemigo significaba
un golpe mortal, pero Scheer se las arregló para escapar de la trampa aprovechando una brillante
estrategia aprovechando la oscuridad y la ineptitud entre los comandantes de los barcos
ingleses, que simplemente no lograban comunicarse entre sí para establecer un ataque en conjunto.
Al día siguiente terminó el combate sin dejar un ganador. Los alemanes sólo perdieron 11 de sus
110 barcos y 1545 hombres, de forma impresionante bajo tomando en cuenta que estaban rodeados, incluso
mayor que el de los ingleses, que perdieron 14 barcos y 6274 hombres. Aunque la victoria moral
fue para Alemania, la mayor cantidad de embarcaciones que poseía Gran Bretaña no varió su
supremacía en el Atlántico.
Por su parte, Alemania no quiso arriesgar más y no volvió a sacar sus barcos de sus puertos,
dejando toda la responsabilidad a los submarinos de proseguir con la guerra en el mar.