
El 29 de septiembre del año 490 antes de Cristo, en la llanura del Maratón se disputó una de las
batallas más importantes de la historia del mundo antiguo. El rey de Persia Darío había
organizado una expedición a Grecia con el objetivo de apoderarse de ella, continuando la labor
que no pudo completar su antecesor Jerjes. 100 mil soldados fueron enviados a desembarcar en
las llanuras de Maratón, pequeño poblado situado a 40 kilómetros de Atenas.
Se envió a un corredor 224 kilómetros hacia Esparta para pedir refuerzos, pero éstos sólo le
ofrecieron soldados dentro de 10 días, por lo que sólo Atenas tuvo que defender a Grecia de los
invasores.
El general Ateniense Milcíades fue el encargado de la defensa. Conociendo la superioridad
numérica y el lugar donde iba a desembarcar el enemigo, ordenó crear una gran emboscada llenando
el lugar de troncos y todo tipo de trampas. Cuando los persas llegaron, los atenienses esperaron
hasta que el último elefante tocara tierra. Así, ni bien terminado el desembarco empezó la
ofensiva griega. Los atenienses, desde los flancos, despedazaron a los persas que estaban
atrapados en el entrampado terreno y sin posibilidad de defenderse ni de escapar porque sus
naves estaban siendo quemadas.
Terminada la batalla, Milcíades envió un soldado de nombre Filípides a anunciar la victoria en
la Acrópolis. El soldado recorrió los 40 kilómetros de distancia corriendo sin cesar. Llegó, sin
fuerzas pero con orgullo, que la victoria era ateniense: ¡Alegraos, atenienses, hemos vencido!
Inmediatamente después Filípides cayó muerto.
Esta hazaña dio origen a la carrera del Maratón, prueba disputada desde el desarrollo de las
Olimpiadas modernas en 1896, y en otras pruebas atléticas. Aunque la distancia era de 40
kilómetros, la maratón de las olimpiadas de 1908 en Londres fue alargada en 42.125 kilómetros,
debido a que la familia real británica quería que la maratón comenzara en el Castillo de Windsor
para que los nietos del Rey Eduardo VII pudieran ver la partida, y que terminara frente al Palco
Real del estadio Olímpico, donde estaba cómodamente sentada la reina Alejandra.