Al estallar la Primera Guerra Mundial el ejército alemán invadió Francia por Bélgica. El avance
era incontenible, tan así que París estaba en serio peligro de caer. La desesperada resistencia
sin frutos obligó al gobierno a trasladarse a Burdeos.

Todos los hombres parisienses físicamente aptos fueron llamados para la defensa, ya sea para
abrir trincheras en las calles o para unirse a las tropas para defender la ciudad. Por otro
lado, medio millón de parisienses estaban evacuando la ciudad, temerosos de correr la misma
suerte que en la guerra Franco-Prusiana.
Pero el Alto Mando Francés no podía dejar a la capital a su suerte, nombrando al general Joffre
para reorganizar el ejército y evitar que los alemanes lleguen al corazón del país. Logró el
primer objetivo de hacer un repliegue ordenado para poder establecer una defensa efectiva. En el
otro bando, a cargo de la ofensiva alemana estaba el general Von Moltke, jefe del Estado Mayor
Alemán, que ya estaba ubicado en las riberas del río Marne, en las afueras de París, con el
Primer Ejército alemán de Von Kluck y el Segundo de Von Bülow.

El 5 de septiembre de 1914 comenzó el ataque que pudo haber definido la Primera Guerra Mundial.
Un ejército francés formado recientemente logró avanzar sobre el flanco derecho alemán, pero
necesitaban refuerzos rápidamente o corrían riesgo de ser aniquilados por el enemigo. Como
medida desesperada, fueron requisados los taxis de la ciudad para el transporte de tropas. Ésta
sería considerada la primera operación de infantería motorizada de la historia. Por el centro,
los franceses y británicos (en apoyo) abrieron una brecha entre los dos ejércitos alemanes, pero
éstos seguían avanzando: algunas tropas podían ver la torre Eiffel a 20 kilómetros de distancia.
Pero el 10, el ataque germano había sido detenido y ambas líneas estabilizadas. Para el 12,
cuando Von Moltke recibía los informes del frente llegó a la conclusión que le iba a ser
imposible tomar la capital, ordenó cesar el ataque y replegarse hacia el río Aisne. La batalla
del Marne había terminado. Francia se había salvado del desastre.
Franceses y alemanes perdieron 200000 hombres cada uno en sólo 7 días. Desde ese momento, ambas
tropas trataron de establecer sus posiciones en una carrera hacia el norte, hasta que las
líneas se estacionaron e iniciaron la tristemente célebre guerra de trincheras, que costó
millones de vidas hasta el final del conflicto.