Luego del desembarco aliado en Italia en el verano de 1943, desarrollaron un lento pero
constante avance hacia el norte hasta llegar al pueblo de Cassino, la última resistencia antes
de llegar a Roma a través del valle del río Liri. Era un pequeño poblado en las faldas del Monte
Cairo la cual a lo alto se hallaba una abadía benedictina, uno de los monasterios más
importantes de Europa fundado por San Benito en el siglo VI. Aquí se concentró la mayor
resistencia alemana en el país, desatándose una de las más cruentas batallas de la Segunda
Guerra Mundial.
El Comandante en Jefe de las fuerzas aliadas en Italia era el General Alexander, cuyo ejército
compuesto por tropas norteamericanas, británicas, francesas, neozelandesas, indias, polacas,
sudafricanas, marroquíes y canadienses, tuvieron que aplicar múltiples estrategias para romper
la defensa de las tropas de paracaidistas del general Richard Heidrich, sin poder contar con
apoyo naval por los preparativos del desembarco en Normandía.

Los alemanes se encargaron de destruir la carretera, y formaron una defensa llamada Línea
Gustav, barrera que con el transcurso de la batalla se hacía cada vez más inaccesible gracias a
lo accidentado de la geografía del lugar. El valle del Liri fue invadido de trincheras, campos
minados, fuertes alambrados y nidos de ametralladoras. Todos los pequeños poblados fueron
armados hasta los dientes. Bajo estas circunstancias, en enero de 1944 los aliados establecieron
un primer gran ataque, seguros que su abrumadora superioridad numérica sería suficiente para
lograr la victoria.
La primera batalla de Montecassino comenzó el 12 de enero. Con una ofensiva en conjunto al
desembarco en Anzio, los tres flancos alemanes resistieron el ataque aunque los británicos
pudieron cruzar el río Garellano. Mientras tanto, el Comandante en Jefe de las fuerzas alemanas
en Italia, el Mariscal Kesselring, logró detener el desembarco en Anzio pero tuvo que enviar
tropas de Cassino debilitando su defensa.
Al no poder establecer posiciones más allá de donde estaban, se eligió a la división Texas para
un ataque sorpresa a Monte Cassino el 20 de enero. Aunque la abadía fue dañada, la defensa
alemana nuevamente repelió el ataque y la división norteamericana tuvo que retroceder antes que
fuera aniquilada por las ametralladoras. Perdieron 2500 hombres.
El Alto Mando Aliado decidió atacar por el norte para alcanzar la retaguardia. Aunque los
ataques rendían frutos, la batalla estaba cobrando demasiadas vidas, por lo que Alexander
suspendió el ataque exactamente un mes después, aunque ya se ubicaban a menos de un kilómetro de
la abadía.
La segunda batalla de Montecassino iba a realizarse tres días después de concluida la primera.
Ahora las divisiones hindú y neozelandesas se encargarían del ataque al monasterio, mientras que
los alemanes estaban causando estragos en Anzio. Esta vez se iba a bombardear la abadía (aunque
los informes aliados indicaban que no habían tropas germanas en el lugar). El 15 de febrero 222
bombarderos arrojaron 443 toneladas de bombas sobre ella, destruyéndola por completo. Los
defensores aprovecharon las ruinas y construyeron fuertes con ellas.
Las tropas hindúes atacaron hacia la cota 593 sufriendo terribles pérdidas. Mientras tanto, los
neozelandeses tomaron la estación del ferrocarril, pero una contraofensiva los hizo retroceder
hacia la orilla opuesta del río Rápido. El Alto Mando volvió a suspender el ataque.
La época de lluvias detuvo cualquier operación durante varios días. Ambos bandos se podían ver
entre sí a sólo 500 metros de distancia. El 15 de marzo comenzó la tercera batalla con un
intenso bombardeo aliado que dejó la ciudad y lo poco que quedaba de la abadía en ruinas. De
forma increíble, al terminar el bombardeo los alemanes salieron a los escondites y atacaron a
los neozelandeses que pensaban tomar la colina, recogiendo de paso a sus muertos y heridos.
Pero la superioridad aliada por fin comenzó a dar frutos. El 25° batallón llegó a las faldas de
la colina y se dispusieron a escalarla. En la ciudad de Cassino, los neozelandeses ocuparon toda
la ciudad, pero no pudieron derrotar a los alemanes que estaban atrincherados en los hoteles des
Roses y Continental. Ya se luchaba casa por casa y cada metro se defendía como oro. Para el 18,
los aliados ya estaban entrando al monasterio; pero al día siguiente los alemanes contraatacaron
obligándolos a abandonarlo.
A esas alturas Montecassino parecía imposible de tomar para los aliados, decidiéndose emplear un
camino secretamente construido (el camino Cavendish) para enviar tanques y material pesado a la
retaguardia. El día 19 tomaron el norte de la colina, pero nuevamente fueron vencidos por la
resistencia alemana, que lanzaban granadas dentro de los tanques en una defensa guerrillera.
Harto de los constantes fracasos para terminar con la batalla, el General Alexander envió lo
mejor de los ejércitos norteamericanos, británicos, franceses, marroquíes y polacos decidido a
tomar la abadía o a morir en el intento. El 11 de mayo, tras dos horas de intenso bombardeo, se
dio inicio a la ofensiva general. Los norteamericanos y británicos fracasaron en su intento de
tomar la ciudad y el río Liri; sólo los franceses y marroquíes pudieron avanzar por el flanco
derecho. A sabiendas que podían ser cercados, los alemanes comenzaron a retroceder, abandonando
por fin la abadía.
Una patrulla del XII regimiento de lanceros polacos, al mando de Podolski, tuvo el honor de
tomar la abadía en la mañana del 17 de mayo de 1943, tras cinco meses de encarnizado combate.
Ésta estaba completamente destruida, donde el abad y algunos monjes cuidaban de los heridos
alemanes que habían sido dejados a su suerte. Cien mil muertos fue el costo de la batalla,
aunque al fin los aliados tuvieron el camino abierto hacia Roma.