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Grandes Batallas
La batalla de Salamina
Luego de la derrota de los espartanos en el Paso de las Termópilas, el ejército y la marina persa al mando del rey Jerjes tuvieron el camino libre hacia Atenas en los inicios de 479 antes de Cristo.
Demístocles fue el encargado de defender Atenas. La primera acción que tomó fue evacuar la ciudad y refugiarse en Salamina, para poner todas sus fuerzas en su marina, aunque era menor en número que del invasor.
Pero la estrategia no se basaba en un enfrentamiento cara a cara, sino en una gran emboscada. Demístocles le envió un esclavo a Jerjes diciéndole que éste había visto la luz y que quería sometérsele. El mensajero también le daba instrucciones de cómo destruir su armada señalando el lugar donde estaban, en las aguas de Salamina. El rey persa cayó en la trampa.
Los persas lanzaron un ataque frontal contra los barcos atenienses, que eran en realidad muy pocos ya que el resto de la armada estaba escondida entre las rocas. Cuando los persas se ubicaron en el lugar exacto que Demístocles había planeado, los buques atenienses les fueron al encuentro y los rodearon de inmediato.
Jerjes vio desde su trono de oro en lo alto de una colina cómo su marina era despedazada. Rápidamente el mar se hizo rojo con los persas caídos, y los que no, se ahogaban porque no eran entrenados para el nado, habilidad que sí tenían los atenienses. Los persas estaban atrapados y sin posibilidad de moverse. Sólo el caer la noche detuvo la masacre, y los restos de la marina invasora se las arreglaron para escapar.
Persia perdió 200 navíos (la mitad de toda sus fuerzas), y su capacidad de ataque y de suministro para su ejército en tierra. Jerjes ordenó la retirada de Grecia antes que sus hombres murieran de hambre, pero tuvieron que luchar nuevamente en Platea, siendo finalmente vencidos por las fuerzas espartanas. Con ambas batallas, el peligro de Persia en Grecia había terminado.
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