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Grandes Batallas

 La batalla de Waterloo


Cuando Napoleón ascendió al poder por segunda vez en Francia luego de escapar de su exilio en 1815, todas las potencias de Europa tuvieron que unirse nuevamente para detener el afán conquistador del Emperador. Estas fuerzas se agruparon en Bélgica.

Napoleón Bonaparte El ejército de Napoleón ya no era el mismo de antes. El propio Emperador estuvo consciente de esto y esperaba una guerra rápida aprovechando que las fuerzas prusianas a cargo de Blücher todavía estaban lejos de la zona de conflicto. Napoleón planeó atacar al ejército ubicado en las afueras de Bruselas, a cargo de Sir Arthur Colley Wellesley, el duque de Wellington.

El campo de batalla era realmente pequeño (unos 6 kilómetros) en las colinas de Moint-Sean-Jean, junto a Waterloo y cerca de Bruselas, capital de Bélgica. Era un espacio abierto y con pocas defensas, a lo que Wellington ideó un plan defensivo inteligente: en lugar de mandar a todos en una gran línea, los agrupó en cuadrados con bastante poder de fuego. El 18 de junio de 1815 comenzó la batalla. Desde el inicio, Napoleón tomó conciencia que ésta sería una batalla diferente ante la imposibilidad de atacar con eficacia. La defensa cuadrada inglesa y el poco poder de los proyectiles de la artillería que no llegaban a destino por el fangoso terreno (en los últimos metros las balas de esa época ruedan por el suelo), hicieron de la ofensiva una empresa inútil para los franceses.

La lucha en sí fue muy encarnizada, pero ningún bando sacaba una relevante ventaja sobre el otro. En estas circunstancias el factor cansancio empezó a mermar las fuerzas francesas. Más aún cuando la peor pesadilla de Napoleón estaba por venir. Las fuerzas de Blücher llegaron a Waterloo.

Sir Arthur Colley Wellesley duque de Wellington Napoleón se vio obligado a utilizar a la Vieja Guardia para equiparar las fuerzas y terminar de una vez por todas la batalla. Pero esta vez, aquellos soldados temidos por el enemigo fueron repelidos por los ingleses lo que cambió el curso de la batalla y de la historia. De inmediato el caos surgió en las tropas francesas, dejaron sus armas y huyeron. Wellington aprovechó la situación y ordenó el contraataque. No fue necesaria esta orden, la batalla había terminado con la espectacular victoria aliada y la destrucción del ejército francés.

La batalla realizada en Waterloo fue un punto de quiebre en la historia moderna de Europa: una de pocas en la historia de la humanidad en que el sólo resultado de ésta definió el destino del continente. Ya sin poder militar, Napoleón tuvo que abdicar por segunda vez al poder el 22 de junio (la primera fue luego del fracaso de la campaña en Rusia en 1814). Trató de escapar a América pero fue interceptado por buques ingleses, luego capturado y exiliado a la isla de Santa Elena, donde murió el 5 de mayo de 1821.


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