Siempre ha sido un sueño del hombre volar como las aves. Aunque la tecnología aeronáutica ha
alcanzado logros inimaginables en poco más de 100 años, el hombre nunca renunció a aquel sueño.
Fue por eso cuando causó sensación el intento de Felix Baumgartner, un acróbata austriaco doble
de películas de acción, aquel que se autonombró el "Dios de los Cielos", de cruzar el Canal de
la Mancha sin más ayuda que unas alas especiales, sin motor, y sin nada que sea más grande que
él.

El equipo (es decir, las alas) fue hecho con fibra de carbono y tenía 1.8 metros de envergadura,
desarrollado con tecnología de Fórmula 1. El método para el cruce del canal era simple: iba a
recurrir a las técnicas normales del paracaidismo, pero con sus alas iba a resistir el aire lo
suficiente para hacer el recorrido de 35 kilómetros de largo; concluido el cruce, soltaría el
paracaídas para posar suavemente sobre el puerto de Calais.
Baumgartner inició su travesía el 31 de julio del 2003, bastante temprano para no "estrellarse"
con algún despistado avión. Cuando alcanzó los 9000 metros de altura (más alta que el monte
Everest) sobre Dover, el hombre-pájaro saltó del avión y empezó a volar a 200 km/h. Como era
previsible sintió las duras condiciones de la altura: el frío había adormecido su cuerpo
corriendo peligro de no sólo fracasar, sino de terminar su viaje en una tragedia. Felizmente el
oxígeno que traía consigo lo mantuvo consciente.
Diez minutos después Baumgartner llegó a Calais y pasó a la historia siendo el primer ser humano
en volar con alas y cruzar el Canal de la Mancha.
Parece ilógico, pero el primer vuelo de un avión cruzando el canal (Louis Bleriot en 1909) tardó
27 minutos más.