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La Tercera Revolución Francesa: La Comuna de París


Luego de firmarse la derrota en la guerra Franco-Prusiana, los residentes de París tuvieron que soportar el terrible espectáculo de ver el desfile de las tropas alemanas por sus calles el 1 de marzo de 1871, tremenda humillación que sólo es comparada con la pobreza previa a la Revolución de 1789, aunque los alemanes sólo permanecieron un día.

Toda la carga contenida fue desencadenada hacia la Asamblea Nacional y a Thiers, jefe del Poder Ejecutivo por haberse rendido y haber trasladado (o huido) el gobierno a Versalles. El pueblo quería desaparecer aquella clase política que los había llevado a perder territorios, y sobretodo, el orgullo.

Todo comenzó cuando Thiers mandó tropas a París para recuperar los cañones en poder de los insurgentes parisienses antes de la ocupación alemana. El enfrentamiento entre ambos ejércitos era inevitable: dos generales fueron hechos prisioneros y fusilados por orden de la Commune (Comuna en francés), una administración municipal elegida por el pueblo constituida por 90 miembros de las asociaciones radicales opuestas al régimen dando origen a la "tercera" Revolución Francesa (1789 y 1848 fueron las anteriores) a mediados de marzo de 1871.

Para ese entonces el pueblo reconoció a la Comuna y no a la Asamblea Nacional como gobernantes de Francia. Desde el primer día la Comuna de París empezó a actuar tomando las riendas del Banco Nacional de Francia, declarando nulos todas leyes promulgadas por la Asamblea, reconociendo los mismos derechos tanto para hombres y mujeres, y estableciendo el servicio militar obligatorio para todos los hombres con la capacidad para hacerlo. La corriente de la Comuna era simple, darle autonomía a cada localidad del país para tomar sus decisiones. De esta manera, la Comuna recibió la simpatía de toda Francia.

Por su parte el gobierno de Theis intentó acabar la revolución volviendo a enviar tropas a París. El 21 de mayo soldados del gobierno entraron a la capital obligando a la Comuna a hacer un desesperado y memorable llamamiento al pueblo, sobretodo a las mujeres, para resistir:

"Que las mujeres se unan a sus maridos, padres y hermanos. Las que no tengan armas, que cuiden a los heridos y arrojen piedras desde sus casas para acabar con el invasor. Que suenen las trompetas, que toquen las campanas que truenen los cañones".

La lucha fue encarnizada, tanto que se combatió casa por casa, ventana por ventana. Los incendios que estaban acabando con la ciudad hicieron que los insurgentes retrocedieran y que París fuera recuperada por el gobierno. La Comuna fue disuelta.

Pero el sentimiento de odio francés hacia Alemania no cesó en lo más mínimo. De hecho, la derrota gala en la guerra Franco-Prusiana desestabilizó Europa de tal forma, que se enfrascaron en dos sangrientas guerras mundiales que casi acaban con el mundo.


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