Más de un atentado contra la vida del dictador nazi Adolf Hitler tuvo efecto antes y durante la
Segunda Guerra Mundial.
El 8 de noviembre de 1939, sólo un mes y días después de la invasión a Polonia, Georg Elser puso
una bomba fue en la cervecería Burgerbraukeller en Munich, lugar donde Hitler reunía cada año a
la plana mayor del NSDAP. El Führer se salvó de la muerte segura al abandonar el recinto diez
minutos antes de la hora prevista. Elser fue detenido y ejecutado a pocos días de la rendición
alemana.
Aunque este atentado falló por esos juegos del destino, ninguno estuvo tan bien organizado ni
tan cerca del éxito como el ocurrido el 20 de julio de 1944.
Para los meses de otoño de aquel año una gran cantidad de alemanes asumían que su país no tenía
forma alguna de ganar la guerra, pero que cualquier intento de negociación de paz con los
aliados debía empezar con la caída de Hitler. Como nunca antes, varios jefes y oficiales
alemanes decepcionados (desde un principio o en tiempos recientes) planearon un golpe de Estado.

El eje central del atentado era el coronel Klauss Schenk von Stauffenberg, héroe en la campaña
en África, que en lucha perdió un ojo, una mano y parte de la otra. La ocasión no era otra mejor
que una reunión de Hitler con sus altos oficiales en el "Wolfchanze", el cuartel general de
Hitler en Prusia oriental, para informar el reporte de la situación alemana en el frente: de
paso podrían caer también muchos de sus principales colaboradores. Stauffenberg llevó en su
maleta un explosivo con mecanismo a relojería, que la activó minutos antes de ingresar a la
reunión en la que Hitler y casi todos los altos mandos ya estaban presentes.
Ni bien entrado a la sala, Stauffenberg puso la maleta debajo de la mesa, al lado de un apoyo
de ésta que daba justo al frente del dictador. El plagiario salió de la sala sigilosamente y
tomó un auto a una zona cercana del lugar. Pocos minutos después el maletín estalló. En ese
momento, Klauss Schenk von Stauffenberg se dispuso a viajar a Berlín para dar la noticia que
el Führer ha muerto.
Pero Hitler sobrevivió. Con heridas en la cara y mano, pero sobrevivió. Por otro macabro acto de
suerte, uno de los oficiales en la reunión tropezó con el maletín y lo puso al otro lado del
apoyo de la mesa, compuesta de madera extremadamente gruesa. De esta forma el estallido estuvo
fuera de su alcance, a pesar que el atentado cobró cuatro víctimas. La venganza del Führer no se
hizo esperar.
Von Stauffenberg no tardó en ser hallado responsable del atentado y ser capturado junto con
sus colaboradores. En la misma noche del atentado, comenzó una gran cacería de cualquier
persona, de bajo o alto rango (entre ellos el mariscal Rommel), que tuviera algo que ver con el
atentado, o simplemente cualquiera que estuviera en contra del régimen nazi. Fueron sentenciados
a muerte a más de 5000 personas, la mayoría de ellos inocentes.

Hitler, en acto de suprema venganza, hizo que en las ejecuciones se utilicen sogas de metal para
que la muerte sea lenta y dolorosa. Las ejecuciones fueron filmadas, y los videos fueron
entregados al Führer para que los disfrutara en soledad.
Paradójicamente, Hitler terminó suicidándose el 30 de abril de 1945, cientos de miles de muertos
después de aquel fallido intento ocurrido meses antes.