En los inicios del siglo XX, una nueva estrategia cambió la forma de ver las guerras para
siempre. Una guerra rápida, compleja en su organización, pero letal si es bien hecha su
ejecución.

Un antecedente de la guerra relámpago surgió en el inicio de la Primera Guerra Mundial, sin
éxito. El ejército alemán invadió Francia vía Bélgica en una intervención que estimaban iba a
durar de 4 a 6 semanas (en base al plan Schlieffen de penetrar Francia por el norte). Sin
embargo el ejército francés los detuvo en las riberas del río Marne, dando a lugar la vieja
táctica de cavar trincheras que no hizo otra cosa que cobrar las vidas de 4 millones de
soldados sin que nadie lograra una ventaja apreciable en los siguientes 4 años.
La Segunda Guerra Mundial fue el escenario del Blitzrieg, gracias a una tecnología más avanzada
en tanques y aviones. El 1 de septiembre de 1939 Alemania utilizó contra Polonia este método,
consistente en el ataque blindado a las principales posiciones de defensa enemiga con el apoyo
de la aviación. Las brechas que abrían eran aprovechadas por la infantería motorizada que,
en veloz carrera, rodeaban al ejército enemigo y acababan con ellos, o simplemente los aislaba
del resto de su línea. Mientras tanto los bombarderos destruían ciudades, fábricas, aeropuertos,
centrales de comunicación y otros centros vitales. Varsovia cayó en sólo 6 días forzando su
rendición.

La rápida victoria alemana asombró al mundo, pero la historia no terminó ahí. En mayo de 1940
Alemania implantó la misma táctica contra Francia, entonces considerado el ejército más poderoso
del mundo. París cayó en menos de un mes. También se utilizó la guerra relámpago contra la Unión
Soviética, pero el frío intenso impidió la toma de Moscú.
Al terminar la guerra, todos los ejércitos del mundo redefinieron su estrategia militar. Tal vez
el que mejor aprendió la lección fue Israel, que derrotó a Egipto, Siria, Jordania e Irak en
apenas 6 días (la llamada Guerra de los Seis Días en 1967). Es sin duda el ejemplo más claro de
la guerra moderna, donde la tecnología y la táctica hacen la diferencia.
La guerra pasó de ser estática a móvil, y en nuestros días es común que los grandes conflictos
se decidan en cuestión de semanas y con pocas bajas. La cantidad de muertos norteamericanos en
la Guerra en Irak no superó los 500.