El capitán del Estado Mayor francés Alfred Dreyfus fue involuntario protagonista de uno de los
mayores escándalos de finales del siglo XIX, que involucró a dos países y la honra de un
ejército.

En septiembre de 1894, espía que hacía de encargada de limpieza de la embajada alemana en
Francia, encontró entre la basura una carta con varios secretos militares franceses con
destinatario a Max Von Schwarzkoppen, agregado militar alemán en París. La espía envió esta
misiva al comandante del servicio de espionaje del Estado Mayor francés, Hubert Joseph Henry,
para que se hiciera cargo de ella.
A su vez, Henry mandó la carta al Coronel Jean Conrad Sandherr, su superior, quien lo envió al
Jefe del Estado Mayor General Cherles Le Mouton de Boisdeffre. Para terminar con la escalera de
mando, Boisdeffre envió la carta al ministro de guerra Auguste Mercier.
Luego de analizar los detalles de la información, el único responsable debía ser alguien del
mismo Estado Mayor. Se revisaron las caligrafías de todos los integrantes, y el que más se
parecía (aunque en realidad no existía similitud) era la del Capitán Alfred Dreyfus, personaje
poco querido por sus colegas por ser judío.
Dreyfus fue interrogado en octubre, obligándolo a escribir la carta secreta. El Comandante del
Estado Mayor Mercier Du Paty le insinuó que estaba temblando la mano, ordenando su detención con
cargos de alta traición con arma en mano. Tan dramático fue ese momento que Du Paty apuntó con
el arma su cabeza, pero no se atrevió a dispararle... le aconsejó a Dreyfus que se disparara a
sí mismo en ese instante. Dreyfus se negó: así empezó el escándalo que sacudiría Francia durante 10
años.
Dreyfus fue sometido en diciembre de 1894 a un consejo de guerra a puerta cerrada, donde
documentos secretos y testimonios de dudosa credibilidad del Comandante Henry fueron suficientes
para declarar la culpabilidad del acusado condenándolo a la degradación y deportación perpetua.
Luego de ser degradado en el patio de la Escuela Militar de París, se desalojaron a los leprosos de
la isla del Diablo (colonia francesa en Sudamérica) y enviaron a Dreyfus a ese lugar en febrero de
1895. Se le permitiría enviar cartas a su esposa de vez en cuando, pidiendo que se revisara su caso.
Para la opinión pública el escándalo de Dreyfus pasó al olvido, menos para el General Boisdeffre:
necesitaba pruebas más realistas para que nunca salga de la isla de la Muerte, ya que la honra del
ejército estaba por encima de todo. Ordenó al antisemita Comandante Picquart, nuevo jefe del
servicio de espionaje, ordenar una nueva investigación.
Condicionado por Boisdeffre y sus propias ideas, puso manos a la obra y acabar de una vez por todas
con el caso Dreyfus. Analizó minuciosamente el expediente y se dio cuenta que no había relación
alguna entre éste y la carta con los secretos militares, ya que hasta su letra estaba lejos de
parecerse a la del autor. Además tomó un detalle que no había sido visto por nadie. Por primera vez
revisa el borrador de la carta y vio en la firma un código que llevaba a la residencia de
Marie-Charles Esterhazy, comandante de mala reputación de un batallón del regimiento 74 del
ejército francés.
Picquart utilizó el mismo servicio secreto que acusó a Dreyfus para investigar a Esterhazy.
Encontró algunas cartas de éste y no tuvo que hacer un exhaustivo análisis para confirmar que su
letra era la misma que la carta enviada a los alemanes. Concluyó que Alfred Dreyfus era inocente e
injustamente expulsado de Francia. Con el radical giro de las investigaciones, Picquart se dirigió
al Estado Mayor para dar la noticia.
Increíblemente sus superiores hicieron caso omiso del error. Incluso fue relevado de su cargo y
enviado a África. El ejército francés había evitado por todos los medios involucrarse más en esta
situación pero el daño estaba hecho: el error en el caso Dreyfus se convirtió nuevamente en el tema
principal de la opinión pública.
Picquart fue destituido de sus funciones en África. Para satisfacer el hambre del pueblo el
ejército "enjuició" a Esterhazy, y nuevamente Henry fue llamado para mostrar más pruebas
falsas que reafirmaran la culpabilidad de Dreyfus. Pero Henry llegó demasiado lejos al tratar
también de involucrar a Picquart, haciendo que el juicio se vea como una farsa por la prensa, los
diputados radicales y el pueblo.
Para evitar mayores escándalos en el ejército francés se tuvo que dar la espalda a Henry, el
principal acusador de Dreyfus, usándolo como carne de cañón y fue enviado a prisión. Se suicidó en
su celda poco después. Von Schwarzkoppen (el militar alemán que recibió la carta), regresó a
Alemania y volvió su vida militar. Esterhazy permanecía protegido por su ejército al volver a sus
funciones como espía, pero poco después tuvo que huir a Inglaterra ante las constantes presiones del
político Georges Clemencau y del escritor Emile Zola, con su célebre carta al presidente de Francia
intitulada "¡Yo acuso!".
En junio de 1899 Dreyfus (con una acelerada vejez por los años en cautiverio) pudo salir de
la isla del Diablo y regresó a Francia para un nuevo juicio celebrado dos meses después. Otra
vez lo volvieron a declarar culpable, pero que fue rápidamente indultado por el gobierno ni bien
hecha la sentencia, pudiendo gozar por fin de libertad. Pasarían aún siete años para ser
rehabilitado por el ejército, al otorgarle la Legión de Honor en el mismo lugar donde fue degradado
y permitirle volver a sus funciones.
Alfred Dreyfus murió apaciblemente a los 75 años de edad, en 1935.