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Los cobardes en las guerras
La cantidad de héroes nacidos en el campo de batalla es grande, todos ellos sirven como ejemplo de honor, valentía y sacrificio sin límites. Sin embargo también existen aquellos personajes que ejemplifican todo lo contrario: deshonor, cobardía y egoísmo.
La batalla por el morro de Arica entre peruanos y chilenos en 1880 está considerada entre las más sangrientas de la historia moderna latinoamericana. Muchos héroes de ambos bandos surgieron de esta lucha que terminó en victoria chilena; pero como en muchas otras contiendas (aunque nadie quiera acordarse), existen otros personajes que sobresalieron por su ineptitud y cobardía.
Entre ellos, hay dos oficiales peruanos que se llevan el premio:
Coronel Segundo Leiva:
Era el jefe del II Ejército del Sur peruano, estacionado en Locumba. Cuando los defensores de Arica pidieron su ayuda, éste simplemente la negó, a pesar de la abrumadora superioridad numérica de chilenos que estaba preparando el ataque. Siendo el comandante de las tropas dudaba de la preparación de éstas, por lo que simplemente no quiso arriesgarse a perder la vida.
Su descargo, fue el siguiente: "El estado de esa masa que llevaban el nombre de II Ejército del Sur no había podido prepararse por completo hasta esa fecha. Esas fuerzas se habrían sacrificado estérilmente... y el largo trayecto que tenía que recorrer de Locumba a Arica estaba interceptado por el enemigo".
Coronel Agustín Belaúnde:
Nombrado por Nicolás de Piérola (entonces presidente del Perú) Coronel de Guardias Nacionales y Comandante en Jefe del batallón Cazadores de Piérola, teniendo una escasa experiencia militar. Aunque era uno de los oficiales que estaban en el mismo morro, fue el único que no estuvo de acuerdo en defenderlo, proponiendo aceptar el ofrecimiento de rendición hecho por Chile.
En el acto fue arrestado y encerrado en el monitor Manco Cápac, en el mar. Aprovechando los preparativos de la batalla logró escapar del barco y huyó, junto con otros, hacia Moquegua. El prefecto de Tacna, extrañado por qué un oficial peruano se retiraba al norte cuando la lucha estaba en el sur, lo detuvo y lo mandó fusilar (pena a todo desertor en batalla). Se dice que la suerte de los cobardes es grande: nunca fue fusilado. Para colmo terminada la guerra postuló como congresista por la ciudad de Arequipa.
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