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Historias

Las ejecuciones de Nuremberg


Once de los personajes más importantes de la Alemania nazi fueron sentenciados a muerte en los juicios de Nuremberg, pero sólo serían ejecutados diez porque el mariscal del aire Hermann Goering escapó de la ejecución al tragarse un envase con cianuro. Sin escapar del escándalo, la horca estaba lista para terminar con la vida de varios de los personajes más sanguinarios que la humanidad conoce.

En el gimnasio del Palacio de Justicia la horca pintada de verde, encima de una caja donde caerán los cuerpos, la procesión de condenados iba a empezar a la 1 de la madrugada del 16 de octubre de 1946. Entre dos soldados y un capellán católico y otro protestante, entra al lugar el primer sentenciado, el ex-ministro de Exteriores Joachim von Ribbentrop.

Sube al patíbulo y la soga es puesta en su cuello, sin pronunciar palabra alguna y mostrando serenidad. Cuando le estaban poniendo la cobertura para su cabeza, grita ¡Dios salve a Alemania!, y es ahorcado. Seis minutos después, el general Wilhelm Keitel seguirá el mismo camino. Al igual que von Ribbentrop, dice antes de morir: "Dos millones de alemanes me han precedido, ahora sigo a mis hijos ¡Dios salve a Alemania!"

El siguiente es Ernst Kaltenbrunner, jefe de la Gestapo, responsable por innumerables asesinatos selectivos. Es el primero que declara que es inocente: "Yo he amado a mi Patria y siempre he cumplido con mi deber. Soy ajeno a los delitos que me han imputado". El cuarto es Alfred Rosemberg, el ideólogo del nazismo. Sube rápido a la horca y rechaza todo tipo de bendición del sacerdote, con sonrisa en los labios se deja poner la capucha y es ejecutado.

Sigue Hans Frank, el tristemente recordado "verdugo de Polonia". En contraposición del resto, sube despacio, y recibe con devoción las palabras espirituales y besa el crucifijo. Cae sin decir palabra alguna. Wilhelm Frick, Julius Streicher y Fritz Sauckel, de la misma forma. Alfred Jodl, el que firmó la rendición alemana ante los aliados en mayo de 1945, tampoco escapó de la horca.

Se dice que el discurso de Arthur Seyss-Inquart fue el más largo y el que resume todo este proceso: "Espero que esta ejecución sea el acto final de la tragedia y que la guerra haya servido a la paz y armonía de los pueblos". La ejecución de los condenados duró 103 minutos.


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