La fiebre del oro en el oeste de los Estados Unidos atrajo a Levi Strauss, un comerciante
alemán en busca de fortuna, a probar suerte en esos lares en la segunda mitad del siglo XIX.

En 1863 Strauss llegó a San Francisco para abrir una sucursal del negocio de mercería que tenían
sus hermanos mayores en Nueva York. Durante los siguientes 20 años le vendió todo tipo de
telares a los obreros y vaqueros, entre ellos, un material hecho de denim (proveniente del
término francés serge de Nimes) que era mucho más resistente y cómoda, incluso tras mucho uso,
que el común de prendas de ese entonces haciéndose de una apreciable fortuna.
Sin embargo Strauss no reconocía la magnitud de su obra. Jacob Davis, uno de los clientes de
Strauss, era un sastre de Reno (Nevada) que estaba elaborando overoles con el novedoso material.
Había hecho algunas mejoras, principalmente el usar remaches de cobre para mejorar la comodidad
de la prenda para las tallas más grandes. Davis quería patentar su nuevo diseño, pero no contaba
con los recursos económicos para ello. Para evitar ser plagiado, en 1872 escribió una carta a
Strauss para que lo ayude económicamente a conseguir la ansiada patente a cambio de compartirla
con él.

El 20 de mayo de 1873 Levi Strauss y Jacob Davis lograron de la Oficina de Patentes de Estados
Unidos los derechos sobre el overol de denim remachado. El éxito de los pantalones Levi's (a
US$ 0.22 cada uno) entre los trabajadores del oeste del país fue inmediato y se esparció por
todas partes del planeta.
Es una de las pocas prendas que prácticamente no sufrió modificaciones desde su creación hace más
de 135 años, siendo también una de las prendas de vestir más utilizadas de la modernidad. Un trozo de
tela dura y áspera que logra vencer a los trajes más finos, un legado que salió de lo profundo
de la clase trabajadora para el mundo.