Los hechos que cambiaron nuestra vida
PRINCIPAL
·
ÚLTIMAS HISTORIAS
·
MAPA DEL SITIO
.: CONTENIDO
Portada
Historias
Grandes Batallas
Grandes Hazañas
Historias Curiosas
Misterios y Enigmas
Cronologías
Documentos
Cartas Históricas
Curiosidades
Ocio
.: BUSCADOR
.: ACERCA DE
Editorial
Últimas historias
FAQ
Legal
Mapa del sitio
Contacto
Historias
La Marsellesa
Ni bien terminada la revolución, media Europa le declaró la guerra a Francia. La euforia popular había inflado de patriotismo al país que acababa de sacudirse de sus déspotas reyes. Mientras las tropas francesas eran preparadas por su mismo pueblo y nuevas autoridades, el alcalde de Estrasburgo encontró entre las tropas al Capitán de Ingenieros Rouget Lisle, conocido entre sus compañeros como poeta y compositor.
El alcalde le pidió una canción de guerra para animar a los hombres que iban a combatir. Aceptado el compromiso Lisle se recluyó en su cuarto y, tras escuchar de la calle los gritos de victoria de la gente, compuso de una sola inspiración el 25 de abril de 1792 el himno más hermoso que se haya escrito.
La Marseillaise (La Marsellesa en francés) es oficialmente el himno nacional de Francia desde el 14 de julio de 1795. Fue prohibido durante el Imperio de Napoleón y la Restauración. Volvió a ser el himno nacional en la III República; pero fue nuevamente prohibido durante la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial (1940-1944) por ser considerado un elemento de resistencia. Con Francia liberada, la Marsellesa volvió a ser el himno oficial, distinción que mantiene hasta hoy.
Ésta es la Marsellesa traducida al español. Actualmente sólo se cantan el coro y la primera estrofa; y a veces la sexta y la séptima.
Coro:
Marchemos, hijos de la patria,
que ha llegado el día de la gloria.
El sangriento estandarte de la tiranía
está ya levantado contra nosotros. (bis)
¿No oyes bramar por las campiñas
a esos feroces soldados?
Pues vienen a degollar
A nuestros hijos y a nuestras esposas.
I
¡A las armas, ciudadanos!
¡Formen nuestros batallones!
Marchemos, marchemos,
que una sangre impura empape nuestros surcos.
II
¿Qué pretende esa horda de esclavos,
de traidores, de reyes conjurados?
¿Para quién son esas innobles trabas
y esas cadenas tiempo ha preparadas? (bis)
¡Para nosotros, franceses! ¡Oh, qué ultraje!
¡Qué arrebato nos debe excitar!
Es a nosotros a quienes pretenden sumir
de nuevo en la antigua esclavitud.
III
!Y qué! ¿Sufriremos que esas tropas extranjeras
dicten la ley en nuestros hogares,
y que esas falanges mercenarias
venzan a nuestros valientes guerreros? (bis)
¡Gran Dios! Encadenadas nuestras manos,
tendríamos que doblegar las frentes bajo el yugo,
los dueños de nuestro destino
no serían más que unos viles déspotas. IV
¡Tiemblen! Tiranos, y también ustedes, pérfidos,
¡Oprobio de todos los partidos!
¡Tiemblen! Sus parricidas proyectos
van al fin a recibir su castigo. (bis)
Todos son soldados para combatirlos.
Si perecen nuestros héroes
Francia produce otros nuevos
dispuestos a aniquilarlos.
V
¡Franceses, como magnánimos guerreros
sufran o rechacen los golpes!
Perdonen estas pobres víctimas
que contra su voluntad se arman contra nosotros.
Pero esos déspotas sanguinarios,
pero esos cómplices de Bouillé,
todos esos tigres que, sin piedad,
desgarran el corazón de su madre...
VI (Estrofa de los muchachos)
Nosotros entramos en el camino
cuando ya no existan nuestros mayores;
allí encontraremos sus cenizas
y la huella de sus virtudes. (bis)
No estaremos tan celosos de seguirles
como de participar de su tumba;
¡Tendremos el sublime orgullo
de vengarles o de seguirles!
VII
¡Amor sagrado de la patria,
conduce y sostén nuestros brazos vengadores!
¡Libertad, libertad querida,
pelea con tus defensores! (bis)
¡Que la victoria acuda bajo tus banderas
al oír tus varoniles acentos!
¡Que tus enemigos moribundos
vean tu triunfo y nuestra gloria!
sección historias
/
página principal
© 2008 MundoErrante.com - Todos los derechos reservados