Hacia 1794, a cinco años del nacimiento de Francia como república, la situación política era
todo menos tranquila. Había caído Robespierre y la Convención, que dirigía los destinos del
país, mientras los jacobinos habían perdido buena parte de su poder.

En esas circunstancias Napoleón Bonaparte, un desempleado pero con experiencia militar, ofreció
sus servicios en París, a sabiendas que la crisis económica podía llevar a Francia a levantarse
como en 1789, pero esta vez contra el sistema republicano.
Barras, en la práctica miembro único del Directorio que gobernaba Francia, llamó a Napoleón para
que dirigiera las tropas en París para mantener el orden público ante el inminente peligro de
una rebelión. Napoleón consiguió al fin cierto poder militar y lo aprovechó desde el primer
momento. En octubre de 1795, mediante una gran movida nocturna, sus tropas se apoderaron de todo
el arsenal que iba a utilizar la rebelión ubicada en las afueras de la capital. Literalmente
desarmados el ejército de Napoleón aplastó a los rebeldes y se ganó un prestigio entre los
gobernantes.
El 2 de marzo de 1796 Napoleón se hizo cargo de las tropas en Italia, y el 9 se casó con
Josefina de Beauharnais, su gran amor, la cual también logró ubicarse en las más altas esferas
de la sociedad. Luego de las campañas en Italia y los Países Bajos, Napoleón mostró su interés
de no sólo dirigir el ejército, sino también de Francia entera. Sin embargo el fracaso de la
expedición en Egipto en 1798 no le cayó nada bien en su imagen. Mientras tanto, Francia se
salvaba de una invasión aliada al vencer en Massena al ejército de la coalición europea.
En los primeros de octubre de 1799 Napoleón volvió de África, siendo recibido como un héroe
gracias a la victoria en Massena, del cual él no tuvo nada que ver. Por su parte, los jacobinos
recuperaban terreno y planeaban acabar con el enorme poder que Napoleón había adquirido en los
últimos años. Para repeler a los jacobinos, Siéyès, colaborador de Barras pero con otros
objetivos personales, nombró a Napoleón para que se encargara el asunto a la fuerza, y de paso
para acabar con el Directorio.
A fines de 1799 Napoleón le pidió (obviamente de forma no amigable) a Barras a renunciar al
cargo del ente que gobernaba Francia. A sabiendas que no tenía nada que ganar y mucho que
perder, éste firmó su dimisión al cargo. Al día siguiente Napoleón, en calidad de presidente,
entró en el consejo de los Quinientos y mandó desalojar a todos los jacobinos. Llamó a una
segunda reunión en la que se vería el destino del Directorio. Obligó a aprobar una ley que
confiaba a tres cónsules la presidencia del Directorio. Napoleón sería uno de ellos.
Obviamente los otros dos cónsules (Cambacérès y Lebrun) no eran más que figuras en la pared. En
la práctica Napoleón era el único gobernante de Francia. Una nueva constitución hizo legal esto,
cuando le otorgó a Napoleón el mandato por 10 años mientras que los otros dos cónsules serían
sólo sus consejeros.
La época del consulado fue la más "pacífica" de la nueva Francia, del cual Napoleón incrementó
aún más su poder al llegar a implantar un estado policiaco. El 2 de diciembre de 1804 fue el
día máximo de la vida de Napoleón: se hizo coronar Emperador, el último paso que le faltaba para
convertirse en el dueño de Francia.
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