Durante el rearme alemán previo a la Segunda Guerra Mundial, se hicieron algunos experimentos en
base a aviones sin piloto, pero el Alto Mando no aprobó construir bombas teledirigidas, tal vez
por no ser necesarios para la guerra relámpago sobre Polonia y Francia.
Pero en 1942, cuando los bombardeos británicos estaban causando mella en las ciudades germanas,
se hizo imprescindible recurrir al viejo plan para responder los ataques sin tener que exponer
valiosos pilotos. Empezaba así los primeros pasos de las bombas volantes, que posteriormente
fueron la base de lo que hoy son los misiles.

El 26 de mayo de 1943 se probó la V-1 ante el Alto Mando y fue todo un éxito. Inmediatamente
después se ordenó la fabricación en serie de estas armas, que en principio se llamaron Kirshkern
(Corazón de Cereza), en las líneas de producción Fieseler Fi-103 o FZG-76, y en el ejército y el
resto del mundo como la V-1 (Vergeltungswaffe Einz o Arma de Venganza 1). Hitler mandó el uso
masivo de estas armas y el 13 de junio de 1944 se lanzó la primera V-1 sobre Londres.
La V-1 era una especie de avión sin piloto, con una longitud de 8 metros y envergadura de cinco,
capaz de llevar de 800 a 1000 kg de bombas a una velocidad máxima de 645 km/h por un lapso de
22 minutos. Se construyeron 100 plataformas a lo largo del Canal de la Mancha (todavía en poder
alemán) para enviar 1000 V-1's. En total se dispararon 9000 de estas bombas, de las cuales 2400
cayeron en la ciudad de Londres.
El impacto psicológico sobre la ciudad fue terrible: más de 5000 muertos, 130000 casas
destruidas y 750000 seriamente dañadas. Sin embargo el efecto estratégico no lo fue de esa
manera. Pero el recuerdo de la difícil época de los bombardeos de 1940 obligó a la RAF a actuar de inmediato:
con el paso de los días los pilotos ingleses encontraron la forma de derribar estos aviones, y
las barreras de globos en lo alto de la ciudad también fueron eficaces.
Cuando los aliados recuperaron el control del Canal se pensó que el peligro había terminado. Pero
la última carta de Adolf Hitler estaba en marcha con un arma macabra, poderosa e imposible de
derribar: la V-2, o el primer cohete-misil del mundo.

La V-2 era un cohete de casi quince metros de altura y 12.5 toneladas de peso. En la punta
llevaba una carga explosiva de 1000 kg, y un impulso de 360000 HP que le imprimían una velocidad
de 5800 km/h (cinco veces la velocidad del sonido). Tremendo poder hacía elevar el cohete varios
cientos de kilómetros de altura, teniendo un alcance de 350 kilómetros.
Paradójicamente, el desarrollo de la V-2 fue lento y parecía tener un final desastroso. Los
reactores no podían elevar aquel cohete causando más destrozos en las plataformas que algún
resultado favorable. Werhner von Braun, el científico encargado del proyecto, envió a Hitler
videos sólo de aquellos lanzamientos que tuvieron éxito para seguir contando con apoyo
económico. Cuando la V-2 (Vergeltungswaffe Zwei o Arma de Venganza 2) estuvo lista, fue puesta
en servicio de inmediato. Las plataformas móviles fueron ubicadas en Holanda, con destino nuevamente
a Inglaterra.
Los habitantes de Londres no podían siquiera escuchar el sonido de la nueva arma, asumiendo
entonces que eran grandes explosiones. Cuando se descubrió lo que era, los servicios de
inteligencia aliados buscaron y hallaron el lugar de disparo mandando colosales bombardeos que
hicieron de esas zonas plataformas lunares.
¿Qué hubiera pasado si esas bombas se hubieran lanzado antes? El mayor objetivo de Hitler era
que la V-2 llegara a los Estados Unidos: el destino de la guerra pudo haber sido otro. El tardío
desarrollo de esa tecnología fue una de las claves de la no victoria alemana.
Como un juego del destino, Von Braun fue reclutado por los Estados Unidos para el desarrollo de
su programa espacial, que permitió la llegada del hombre a la Luna en 1969.