En los inicios de la Primera Guerra Mundial, las tropas británicas en apoyo de Francia
defendieron la frontera belga de la ofensiva alemana; pero la fuerza del ataque hizo a los
aliados retroceder en dirección a París a través del Mons, en un movimiento desesperado antes
que fueran aniquilados por los germanos.

La retirada del Mons fue dura y sangrienta. Entre los combatientes estaba el regimiento de
Coldstream, cuyos hombres serían partícipes de uno de los episodios más misteriosos de la
historia militar en el mes de agosto de 1914. Con la mochila en las espaldas y arma en mano,
los soldados tuvieron que retroceder rápidamente a sabiendas que eran los últimos en partir
teniendo a los alemanes tras ellos. De repente y obligados por las circunstancias entraron en
un tupido bosque justo cuando la neblina cayó ante ellos. Habían sido víctimas de una trampa que
podría ser mortal.
Cuando se hizo de noche habían perdido contacto con el resto de su ejército. El comandante
ordenó detener la marcha y esperar hasta el día siguiente; aunque se enviaron a dos patrullas a
buscar una salida, pero sin éxito. El regimiento de Coldstream necesitaba de un milagro para que
los alemanes no los encontraran, sino serían presa fácil de sus armas.
Es aquí cuando surge la leyenda. Los soldados McAllister y Brown conversaban quejándose de la
mala suerte que tenían y de lo que les esperaban. De pronto, detrás de los hombros de Brown,
McAllister vio un gran resplandor en el cielo. Ambos observan la luz, que empezaba a tomar forma
humana. Una figura alta y delgada de largos cabellos, con una cinta dorada en la frente y una
túnica blanca le cubría el cuerpo. Calzaba sandalias, y lo más notorio, llevaba dos alas. Era un
ángel.

McAllister mandó a Brown llamar al comandante; éste camina sin poder sacar la vista
del resplandor. Luego el ángel levantó su brazo y apuntó al regimiento haciéndole señas para que
lo sigan. Al llegar Brown le contó sobre la aparición al comandante, y aunque éste no le
creyó decidió acompañarlo junto con otros oficiales hacia donde estaba McAllister. El
comandante miró la imagen totalmente absorto, mientras ésta le hacía la misma seña para que sus
tropas lo acompañen.
El oficial le ordenó al ángel que se identifique, pensando que podía ser una trampa. Éste no
respondió, siguiendo con la seña de seguirlo. Sin nada que perder, el comandante ordenó al
regimiento levantarse y seguir la luz. Era el mismo camino que la patrulla había recorrido sin
encontrar nada. Sin embargo decidieron seguir la marcha con el aliento del mismo ángel... hasta
que encontraron la salida. Antes que los soldados terminaran ver el horizonte o de creer lo que
había ocurrido, el ángel desapareció.
El regimiento de Coldstream pudo reunirse con su ejército para la defensa del Marne, en
septiembre de ese mismo año. Nunca se pudo hallar aquel camino de nuevo ni se pudo explicar de forma
lógica aquel suceso. Si fue producto de la histeria colectiva o una aparición divina, lo
cierto es que aquellos soldados que estaban condenados a morir, vivieron para contar esta
historia.